(Ojo: esto está importado de galifate.blogspot.com)
Pues resulta que últimamente estoy leyendo Olympo: La CaÃda de Dan Simmons. Éste es uno de mis autores favoritos, y os recomiendo todo lo que podáis pillar de él. Bueno, de él, de Orson Scott Card, de Greg Bear y alguno más que debo tener rulando por mi librerÃa.
Una de las cosas con las que más disfruto es con las “idas de olla” sobre fÃsica. Bueno, al final, más que fÃsica se trata de metafÃsica. Es como cuando estamos los informáticos (soy un capullo de esos) hablando de nuestros temitas. En medio de una conversación de este tipo a veces me abstraigo de la chachara e intento “escuchar” lo que estamos diciendo como si no fuera un informático de las narices. Cuando me pasa eso no puedo pensar más que: “menudas gilipolleces sin sentido podemos llegar a decir”. Pero aún asÃ, uno disfruta con esos temas.
Pues una cosa parecida me pasa de vez cuando cuando leo este tipo de libros. Os pongo el ejemplo que me ha hecho escribir esta sarta de tonterÃas. Es un extracto del libro que he nombrado al principio:
“[…]He hecho algunos estudios preliminares en el ordenador cuántico de la nave -continuó Orphu-. Cuando se representa la conciencia humana como el fenómeno de frente de onda que realmente es, se halla el factor en terabytes de los datos cuánticos qubit en la base del frente de onda de la realidad fÃsica misma, se aplican los adecuados campos relativistas de Coulomb que se transforman en estas funciones de onda de mente-conciencia-realidad, entonces se ve fácilmente cómo los posthumanos abrieron Agujeros Brana a nuevos universos y luego se teletransportaron allÃ.” (Olimpo II: La CaÃda, 2006, Dan Simmons).
Ahà está el rollo. Y que conste que el pavo que escribe este tipo de paranoias, si no recuerdo mal, era profe universitario de literatura inglesa. Nada de fÃsico, ni matemático ni nada de eso.
Ale, una chorrada más.